Usted va ha leer el
testimonio impactante de Martin Fadden. Por favor continúe leyendo.
Nací en un hogar cristiano en New York, pero a la edad de 17 años me
convertí en un alcohólico crónico, lo cual me llevó a las drogas y
llegué a parar en un Hospital de Rehabilitación para alcohólicos
cuando tenia 20 años. Era un programa de 10 semanas.
Los doctores me dijeron: “Siempre serás un alcohólico. No hay esperanzas para ti”.
Uno de los empleados del hospital era cristiano y él me dijo: “En
JESUCRISTO hay esperanza, yo sé que un día serás cristiano.” Lo
único que él no sabía era que yo odiaba a los cristianos.
Me dieron de alta y por
1 año no bebí alcohol. Luego comencé a beber nuevamente y volví a mi
forma antigua de vida. Llevé una vida aventurera viajando por los 50
estados de USA sin ningún centavo en el bolsillo.
Yo estaba corriendo de
Dios pero no lo sabia. Durante todo este tiempo mi madre estaba
orando por mi (gracias mamá). Yo no conocía a Dios realmente.
Cuando tuve 15 años yo tuve un encuentro con Dios en una Iglesia
Bautista, pero peleaba con el Espíritu de Dios para ser salvo,
porque yo siempre hacia mi parecer, mi voluntad.
En el año de 1980 debido
a la influencia del alcohol y drogas terminé viviendo en las calles
de New York. Fue en el mes de enero que me arrojaron fuera de mi
apartamento. Recuerdo que era uno de los inviernos más crudos, la
temperatura llegaba de 25 a 50 grados bajo cero y esto fue lo que
pasó: Me convertí en un mendigo de las calles.
Recuerdo que fui a un
bar y el último dinero que me quedaba lo gasté allí. Eran las 2:30
A.M. y el bar cerró, y todos se fueron a sus casas pero yo no tenía
lugar a donde ir. Ya no tenía dinero por lo tanto no tenía amigos,
ningún lugar donde pasar la noche y calentarme del frío penetrante
hasta los huesos.
¿Entonces, qué hacer en
esta situación? Salí del bar sin rumbo fijo, vi un carro de policía
cuando estaba caminando y dije: “voy a tirarme en medio de la
carretera para que el policía me lleve a la cárcel y pasar la noche
allí, donde había calefacción.” ¿Adivina que pasó? El policía me
conocía y me llamó por mi nombre y me dijo: “sal de la carretera y
vete a tu casa.” ¿Qué casa? El policía se alejó y yo seguí caminando
completamente borracho. No sabía a donde ir. Entonces me acordé de
un amigo de infancia, su padre tenía un taller de madera a 3km de
distancia de donde yo estaba. El muchas veces dejaba la puerta sin
seguro, entonces pensé pasar la noche allí. Finalmente cuando llegué
me di con la sorpresa de que tenía seguro, esa era mi última
esperanza y en desesperación por el frío crudo que hacia le di una
patada a la puerta y se rompió, me metí por ese hueco y dije, “aquí
voy a descansar”, todo estaba tan oscuro. Toqué un colchón viejo en
el piso.
Recuerdo que la
temperatura era 25 grados bajo cero y aún dentro tenía mucho frío.
Había una estufa de gas, pero yo no tenia fósforos, así que me
acosté y mis manos y mis pies comenzaron a latir fuertemente de
dolor debido al frío (hipotermia). De donde yo vengo es muy común
que las personas debido al intenso frío provocado por la nieve se le
quemen las manos y los pies y mueran por congelamiento, entonces me
dio mucho miedo porque todo parecía que daba vueltas a mi alrededor
y hacia demasiado frío, lamentablemente yo no podía cambiar mis
circunstancias.
De pronto me invadió el
miedo al verme casi moribundo porque ya no sentía mi cuerpo, mi
sangre se estaba congelando, y oí una voz maligna que comenzó a
atormentarme y me decía: “¡Ya me perteneces! ¡Te vas a morir y te
vas a ir al infierno!”. Estaba fuera de control debido al pánico,
entonces comencé a clamar a Dios. Me acordé de Dios porque lo
necesitaba mucho y dije:
“DIOS MIO, SI TU ME
SACAS DE ESTO ESTA NOCHE, YO TE DARE MI VIDA” Yo solo quería
vivir y me desmayé pensando que iba a morir y ¡a parar en el
infierno!
Luego, tuve una gran
experiencia, sentí un peso y un calor extraño sobre mi cuerpo.
Inmediatamente pensé que me había congelado completamente y Satanás
me gritaba “¡estás en el infierno!” Yo no quería abrir mis ojos
pensando estar en el infierno. Pero tenía que abrir los ojos tarde o
temprano.
Entonces abrí los ojos.
Para sorpresa mía, horrorizado, vi otro par de ojos brillantes que
no eran humanos y un fuerte gruñido. Pensé que veía los ojos del
mismo Satanás, pero en realidad era un perro muy grande blanco y
negro. Fue Dios que envió a este perro usándolo como instrumento
para salvarme la vida y no morir congelado. El Dios de misericordia
escuchó mi clamor.
Para hacer esta historia
mas corta, yo entregué mi vida a JESUS, me casé y predico la PALABRA
DE DIOS a las naciones que EL me envíe testificando de JESUS.
Por favor repite esto junto conmigo:
“Señor Jesús, hoy me
arrepiento de mis pecados y te invito a que entres a mi corazón.
Perdóname Jesucristo. Yo creo que Jesucristo resucitó de entre los
muertos y vive ahora en mi corazón. Escribe mi nombre en el Libro de
la Vida. Gracias Jesús por salvarme. Amén.
Si usted repitió esta oración por favor comuníquese con nosotros (click
aquí). |